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16 de noviembre de 2015

EL RENACER DE UNA TORTILLA

UNA HISTORIA REAL DISEÑO PRYCA

El señor Tortilla ha vuelto a nacer. Todo el poblado esperaba ansioso la noticia, los pájaros cantan, las nubes se levanta, que sí, que no, que caiga un chaparrón.

Don Juan Tes de Lana, alcalde hasta el momento, había mandado una notificación con carácter extraoficial a la madre de Torti, en el que le deseaba suerte, pero ésta, malhumorada por la nota, le escribió otra mandándole a freír espárragos, ya que éste los freía muy bien.

El gran acontecimiento se produjo a la tres de la tarde, hora local. Nada más enterarse de la noticia, el pueblo entero, incluso el cerdo de la señora Polo, que se encontraba en aquellos momentos en estado de embriaguez, salió a la calle a escupirse unos a otros sin comprensión.

Sobre las cuatro y media de la tarde, Torti, acompañado de su madre y de sus dos hijas, salió a la plaza del pueblo a saludar a sus vecinos, éstos, eufóricos, le recibieron con un lapazo en el ojo izquierdo. Torti (como era conocido en el pueblo), emocionado les profirió algunos insultos, seguidamente, orinó encima de sus cabezas. Este hecho sin igual que se recordó a lo largo de los siglos, concluyó sobre las nueve de la noche.

Al día siguiente, la vida en el pueblo volvió a su normalidad. Torti salió a dar una vuelta por el pueblo, y la gente le saludaba como si nada hubiera ocurrido el día anterior.

Una vez de vuelta en su casa, su mujer, que no pudo estar presente en la fiesta de la noche anterior por razones de prioridad, le bajó la cremallera del pantalón para coger la sal para la comida, éste le sonrió y luego le pegó un rodillazo en la cara. Ella, feliz de sentirse amada, agarró un hacha y le cortó la cabeza de un solo golpe a Torti.

La nueva vida de Torti había durado sólo un día, por lo que todo el mundo lo celebró con entusiasmo, esperando de nuevo que el señor Tortilla volviera a nacer.

FIN
En Puerto Real, a 23 de octubre de 1991.

1 de diciembre de 2009

La Lámpara maravillosa. Segunda Parte

Con una cara de incredulidad, Yauno miró lo que tenía entre manos.

-¿Qué demonios es esto? -le inquirió al Jefe.

-Pues... qué va a ser, la Lámpara maravillosa -respondió el Jefe con tono de extrañeza.

- ¡Pero si esto es una linterna!

- No es una linterna normal y corriente. Es la Lámpara maravillosa.

- La Lámpara maravillosa, la Lámpara maravillosa. ¡Y una mierda! ¡Esto es una puta linterna de mierda!

- Por favor, -trató de tranquilizar el Jefe -te pediría que dejaras de utilizar ese vocabulario soez. Estamos estre caballeros y hemos de hablar con corrección.

- Estoy ya de esto hasta...

- Tranquilo. Mira. Esta linterna, como trataba de explicarte es maravillosa. Posee una intensidad fueran de lo común, lo consume energía alguna, es decir, no lleva batería ni ninguna otra fuente energía, no hay que cambiar bombilla alguna y además, puede funcionar debajo del agua. No me digas que no es una Lámpara maravillosa.

Yauno se quedó boquiabierto. No era lo que él entendía por una Lámpara maravillosa, pero efectivamente se podría decir que esa linterna era una lámpara maravillosa. Realmente el Jefe no le había engañado, le había dado coba, pero no podía recriminarle nada. Ahora con quién estaba enfadado era consigo mismo. Había sido un ingenuo, cuando el Jefe habló de una Lámpara maravillosa, supuso enseguida que era una lámpara como la de Aladino, no se le ocurrió que podría ser otro tipo de lámpara maravillosa. ¡Qué estúpido!

Tragándose su orgullo aceptó de mala gana el pago por su trabajo. Lo guardó y se despidió del Jefe sin mucho afecto.

- No pongas esa cara, Yauno. -dijo el Jefe a modo de despedida -Ya te irás dando cuenta del verdadero valor de tu Lámpara.

Cuando llegó a su casa, Yauno miró el objeto. ¿Qué demonios iba a hacer ahora con eso? La tiró sobre la mesa y se echó deprimido en el sofá.

FIN
¿O NO?

28 de noviembre de 2009

La Lámpara maravillosa. Primera Parte

Había hecho un trabajo perfecto. Todas las demandas habían sido conseguidas. Ahora esperaba su ansiada recompensa.
Diez días antes, cuando le contrataron, el Jefe había sido muy claro:
- Tienes diez día -le dijo-. Debes obtener toda la información y luego ejecutar el plan tal y como hemos hablado. Si lo consigues, te recompensaré con la Lámpara maravillosa.
Estaba nervioso, nunca pensó que algún día podría llegar a poseer tan preciadoa reliquia. No hacía otra cosa más que pensar en qué tres deseos le pediría al Genio. 'Que me crezca el pelo', pensaba, 'Que mi mujer no me ponga más los cuernos', continuaba, 'Y por último, que mi hija deje de salir con el pinta de su novio, je je, sí, eso, que se vaya el carajote ese', terminaba.
Por fin el Jefe apareció.
- Hola, Yauno.
- Hola, Jefe.
- Estoy muy contento con tu trabajo. Ha sido un obra brillante. Supongo que ahora querrás tu recompensa.
- Sí, es lo que más deseo.
- No te haré esperar. Aquí tienes.
El Jefe sacó una caja de hierro bellamente ornamentada. Yauno la cogió con emoción. Le temblaban las manos. Con mucho cuidado abrió la caja. De repente, una luz intensa emanó del interior de la caja.
'Debe ser el aura del Genio', pensó Yauno.
Con un nudo en el estómago, Yauno extrajo de la caja la Lámpara maravillosa.
CONTINUARÁ...

16 de noviembre de 2009

La incertidumbre de la verdad

Como si todos los días fueran igual, Jacobo, fue esa misma tarde al bosque para intentar repetir la hazaña.

Nunca le salían las cosas como a él le gustaban, pero aquella vez fue perfecta. No se cansaba de recordarlo. Había salido poco después de comer, como otras veces, pero esa vez había sido diferente.

Cuando intentó repetirlo no pudo, y ante la impotencia, tomó una decisión: nunca volvería a intentarlo, quedaría su logro grabado en su memoria y no lo volvería a estropear con nuevos fracasos.

Se volvió a su casa convencido de lo acertado de su decisión, cuando de repente, le atacaron dos cochinillas asesinas. En un primer momento pudo esquivar los fieros ataques de los peligrosos crustáceos, pero a medida que pasaba el tiempo, su agilidad fue decreciendo por el cansancio, y en cambio, los ataques de las cochinillas eran más certeros. Por fin, tras una hábil maniobra pudo matar a una de ellas, quedándose solo ante la otra. Ambos combatientes se ensalzaron en una cruel batalla, con un incierto final, hasta que por fin, Jacobo logró acabar con la inmunda criatura.

Agotado, pero lleno de satisfacción por haber podido sobrevivir, cogió una escama de una de sus víctimas como trofeo y se lo llevó a su casa.

Había sido un día extraño, pero ¿qué día no era extraño?